En medio de la otra gran crisis económica de los últimos 80 años, en 1933, el Congreso estadounidense aprobó la ley Glass-Steagall que transformó las reglas de juego financieras al separar nítidamente los bancos comerciales de los de inversión.
Esta reforma fue fundamental para superar una crisis que había terminado con el cierre del 40% del sistema bancario nacional y la pérdida de ahorros, hogares y granjas y que llevó a la Gran Depresión. La pregunta es si el plan que presentará Obama contendrá el mismo celo reformista y superará la presión del lobby (cabildeo) financiero y los escollos que puedan aparecer en el Congreso.
Las declaraciones públicas y los avances de la prensa estadounidense permiten anticipar algunas de las medidas que anunciará el presidente. En un artículo publicado en el Washington Post el lunes, el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, y el director del Consejo Nacional Económico, Lawrence Summers, indicaron que la Reserva Federal tendría un poder mucho mayor en la supervisión del sistema financiero y que habría nuevas medidas de protección al consumidor.
Según los artífices de la política económica de Obama, el gobierno propondrá un incremento en los encajes que tienen las instituciones financieras con el fin de aumentar la solidez del sistema.
Para los críticos, la presencia de dos baluartes de la desregulación financiera del período Clinton-Bush como Timothy Geithner y Lawrence Summers es una clara indicación que el nuevo modelo apenas rozará los vicios del viejo. Por lo pronto, el presidente de la Asociación de Seguridad Industrial y Mercados Financieros de Estados Unidos, Tim Ryan, dio su apoyo a la reforma.
fuente: el pais.com
Verónica Chiclayo


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